martes, 27 de septiembre de 2016

Dedicación de un nuevo altar

En el día de ayer, san Cosme y san Damián, hemos tenido ocasión de vivir en nuestra diócesis la solemne celebración de dedicación del nuevo altar de la parroquia de san Cosme de Antes. A las 12:30 daba comienzo la celebración que presidió nuestro Arzobispo, en la que concelebraron el párroco, D. Alberto Recarey y un grupo de sacerdotes bajo la atenta y devota mirada de numerosos fieles.



Sin duda, la celebración de un sacramental como la dedicación de un altar siempre es motivo de alegría para una comunidad parroquial. Se trata de una celebración con unos ritos específicos de profundo calado teológico:

Canto de las letanías 

Se pide la intercesión de los santos ante Jesucristo, único Mediador, al cual se hallan asociados todos los santos como partícipes de su pasión y comensales del banquete del reino celestial.

Colocación de las reliquias de los santos

Después del canto de las letanías, si es del caso, se colocan bajo el altar las reliquias de mártires o de otros santos, para expresar que todos los que han sido bautizados en la muerte de Cristo, y especialmente los que han derramado su sangre por el Señor, participan de la pasión de Cristo.

Oración de dedicación y unción del altar

La celebración de la eucaristía es el rito máximo y el único necesario para dedicar un altar; no obstante, de acuerdo con la común tradición de la Iglesia, tanto oriental como occidental, se dice también una peculiar oración de dedicación, en la que se expresa la voluntad de dedicar para siempre el altar al Señor y se pide su bendición.

Unción, incensación, revestimiento e iluminación

Los ritos de unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar expresan con signos visibles algo de aquella acción invisible que Dios realiza por medio de la Iglesia cuando ésta celebra los sagrados misterios, en especial la eucaristía.

a) Unción del altar: En virtud de la unción con el crisma, el altar se convierte en símbolo de Cristo, que es llamado y es, por excelencia, el «Ungido», puesto que el Padre lo ungió con el Espíritu Santo y lo constituyó sumo Sacerdote para que, en el altar de su cuerpo, ofreciera el sacrificio de su vida por la salvación de todos.

b) Se quema incienso sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo, que se perpetúa allí sacramentalmente, sube hasta Dios como suave aroma y también para expresar que las oraciones de los fieles llegan agradables y propiciatorias hasta el trono de Dios.

c) El revestimiento del altar indica que el altar cristiano es ara del sacrificio eucarístico y al mismo tiempo la mesa del Señor, alrededor de la cual los sacerdotes y los fieles, en una misma acción pero con funciones diversas, celebran el memorial de la muerte y resurrección de Cristo y comen la Cena del Señor. Por eso el altar, como mesa del banquete sacrificial, se viste y adorna festivamente. Ello significa claramente que es la mesa del Señor, a la cual todos los fieles se acercan alegres para nutrirse con el alimento celestial que es el cuerpo y la sangre de Cristo inmolado.

d) La iluminación del altar nos advierte que Cristo es la «luz para alumbrar a las naciones», con cuya claridad brilla la Iglesia y por ella toda la familia humana.

Tomado del Ritual de la dedicación de iglesias y de altares. 



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